A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, Argentina vivió una época de importantes cambios que nos permiten reconocerla en la actualidad.
Hacia los años 1850-1860, si bien se disponía de
tierras muy fértiles, no había mano de obra suficiente para poner en producción las
tierras, ni se contaba con una infraestructura de transportes, puentes y caminos
que hicieran factible el traslado de los productos desde las estancias hasta las ciudades
del litoral pampeano y sus puertos a costos competitivos.
No se contaba
con las modernas maquinarias ni con las tecnologías más avanzadas para la producción
agraria, y hasta se carecía de un puerto moderno, lo cual dificultaba el
desembarco fluido de personas y mercaderías.
Podremos recordar, que tampoco había leyes ni una autoridad que fuera respetada en todo
el territorio, además de que los enfrentamientos entre provincias eran muy frecuentes.
Ello desalentaba la llegada de trabajadores extranjeros y sobre todo de
inversiones, ya que casi nadie arriesga su dinero si no se brindan seguridades
legales y si no hay autoridades que garanticen el cumplimiento de los contratos.
Además, la relación con los indígenas no pasaba por sus mejores momentos. A la
expansión territorial y la apropiación privada de recursos como el ganado o la tierra
por parte de estancieros y colonos, los indígenas pampeanos y chaqueños respondían
con malones, que dificultaban el desarrollo de las actividades productivas.
